5 Leyendas del Camino de Santiago

El Camino de Santiago tiene tantos años como leyendas.

Muchas de ellas de carácter sobrenatural, pero todas con un fin simbólico que tal vez nos propone analizar si son las enseñanzas mismas que el camino nos aguarda.

Ponerse en marcha y entregarse a una peregrinación siempre supondrá cuestionamientos en la mente del buscador que sale tras la trascendencia.

Pero, qué tienen en común éstas y muchas otras historias y leyendas del Camino? Posiblemente el hecho de estar hilvanadas por lo místico, lo sagrado, lo milagroso, las pruebas humanas y los mensajes ocultos que pueden derivarse de ellas.

Todo lo que forma parte del peregrinaje y nuestra incesante necesidad de ir tras un sustento espiritual que resulte revelador en nuestras vidas.

Aquí algunas de nuestras leyendas favoritas del Camino francés:

 

La Fuente Reniega.

Cuenta la leyenda que un peregrino, cansado y sediento tras la subida al Alto del Perdón comienza a buscar entre piedras y matojos una fuente para poder beber.

De repente, advierte la presencia de quien aparentaba ser otro peregrino.

Le pregunta si sabía de alguna fuente cercana a lo que el otro le responde con una sonrisa diabólica:

-Si, conozco una. Y te aseguro hermano, que contiene el agua más fresca y cristalina que puedas desear.

Solo tiene un inconveniente: esa agua es cara.

-Está bien, llevo algo de dinero en la bolsa. -No, no se trata de dinero, sino de tu viaje.

A dónde te diriges? -A Santiago, naturalmente. Supongo que tú también…

Fue cuando el falso peregrino se dio a conocer como el mismo diablo a ofrecer agua en abundancia a cambio de que los peregrinos olvidasen el motivo de su peregrinación y se le entregasen en cuerpo y alma.

Pero, el peregrino, con firmeza le dijo que prefería morir de hambre y sed antes de caer en la tentación. El diablo, viendo que tras tres intentos no pudo convencerle, desapareció en medio de una nube de azufre.

El peregrino se sentía morir e incapaz de dar un paso más. Entonces, se resguardó del sol, abandonándose a la muerte y quedó inconsciente. Entre sueños, creyó ver que se le acercaba un jinete en un caballo blanco quien sacó una vieira, golpeó una peña y comenzó a salir de ella agua cristalina.

El sonido le despertó y aunque no vio a nadie, ya recuperado, atribuyó el milagro de su recuperación al mismo apóstol Santiago quien nada le pidió a cambio.

Desde entonces, aquella fuente fue bautizada con el nombre Fuente Reniega donde debe beber todo el que pase porque tiene la virtud de conservar los ánimos y quitar cualquier tentación de abandono de todos los que se han puesto en camino a Santiago.

 

El Pájaro Txori.

En el famoso e importante Puente La Reina es de esperarse que hubiese una leyenda con connotaciones simbólicas.

No solo porque fue la reina de Navarra quien lo mandó a construir, sino también porque para los constructores sagrados el puente significaba el paso de lo cotidiano a lo trascendente de los procesos iniciáticos.

El puente, por mucho tiempo estuvo custodiado por la imagen de una virgen sobre la cual un pajarito se posaba y con su pico limpiaba la imagen arrancando las suciedades acumuladas.

Luego desaparecía tan misteriosamente como había aparecido.

Todos se atemorizaban pues cada vez que aquel pajarito hacía su visita, al poco tiempo sucedían desgracias. Algunas veces eran batallas, otras la muerte de alguien importante, pestes o sequías.

 

 

Las Dos Hermanas del Castillo de Pambre.

Hace muchos siglos, el Castillo de Pambre era habitado por un poderoso señor, padre de dos bellas doncellas. Tenía la costumbre de alojar en su castillo a los nobles que pasaban por allí haciendo el camino.

Les agasajaba para hacer más llevadero lo que les restaba de la ruta. En una ocasión, llegó hasta allí un peregrino casi moribundo. Era un caballero francés que había enfermado ya en las últimas etapas del camino.

Las dos doncellas hijas del señor del castillo cuidaron del guapo y joven peregrino. Ambas se enamoraron de él en silencio. Cada una no sabía lo que sentía la otra por el hombre, que una vez recuperado, se fijó en una de ellas.

La otra no tuvo más remedio que resignarse y dejarle el camino libre a su hermana. Sin embargo, la leyenda dice que la muchacha nunca perdió la esperanza de que apareciera algún día el amor de su vida por la senda de los peregrinos.

Pasaba el tiempo sin moverse de la torre, mirando desde allí hasta que un día la encontraron muerta y fría con su mirada clavada en el horizonte.

 

El Cristo de Burgos.

En Burgos, la imagen que en un momento fue la más venerada es la que se encuentra en su catedral. Representa un Cristo crucificado y fue hecha de manera tan real que se ha llegado a decir de ella que laten sus venas, que crece su cabello y sus uñas y que en ocasiones llora.

La leyenda cuenta que un comerciante de la ciudad emprendió un largo viaje y prometió a los religiosos de San Agustín traerles un obsequio a cambio de sus oraciones para que la suerte lo acompañara.

Le fue bien en su viaje pero una vez de regreso, en mitad del océano recordó que había olvidado por completo el regalo que había prometido.

En ese mismo momento, el vigía anunció la presencia de un cuerpo flotando en el agua. Acercaron el navío y recogieron el náufrago, que resultó ser un Cristo tan real que podría habérsele tomado por un ser viviente.

El mercader lo llevó consigo a Burgos y dicen que al hacer su entrada en la ciudad, las campanas de la catedral y de todos los templos comenzaron a sonar solas.

 

El Milagro Eucarístico de O’Cebreiro.

Sin duda alguna, esta historia es una de las más conocidas del camino francés. Se cuenta que una mañana fría de invierno, el monje a quien le tocaba oficiar la misa en la iglesia de Santa María La Real, acudio con mucho desgano a su encomienda y dudando de su fe en la eucaristía.

Al entrar en el templo, nota a un peregrino que había llegado hasta allí a pesar de la gran nevada que caía.

Es cuando se pregunta que sentido tenía todo aquello y pensó que tanto el, como aquel peregrino que llego hasta la iglesia, perdían el tiempo.

Anclado en esos pensamientos, continuó con la consagración y de repente, ante su mirada atónita, el pan se estaba convirtiendo en carne y el vino se transformaba en sangre.

Desde entonces, el testimonio de aquel prodigio fue guardado celosamente por los monjes del lugar. Y, para resguardar aquellas reliquias, los Reyes Católicos, llegaron hasta allí y regalaron unos pomos de plata y cristal de roca para conservarlas debidamente.

Se dice que la reina de Castilla llegó también hasta allí y quiso llevarse consigo las reliquias. Sin embargo, al poco rato de marchar, la mula que la transportaba se negó a seguir adelante.

No hubo forma de obligarle a que diera un paso más por lo que no quedó de otra que devolverlas al lugar donde aún continúan expuestas.

 

Fuente: Libro Leyendas del Camino de Santiago